Hace ya años que mi pasión por viajar me ha llevado, cada vez que he tenido posibilidad, a recorrer algún país o región de forma casi mística.

Los primeros viajes suponían un reto personal ante el miedo a lo desconocido, y suplía esa sensación y esas carencias con objetos, en previsión de que pudiera ocurrir una situación inesperada.

Antes de emprender el viaje, se agolpaban en mi cabeza múltiples problemas que podrían ocurrir y, en consecuencia, llenaba la mochila con algún objeto que significase un “por si acaso…”

Lo que ocurría con esta forma de viajar son dos cosas:

La primera, que al autoprotegerme para que no me ocurrieran cosas malas, no permitía que ocurrieran cosas buenas; seguía metido en mi burbuja frente a cualquier imprevisto.

La segunda era que acarreaba tantos cacharros que la mochila se hacía muy incómoda de llevar, a la vez que, al considerar que llevaba tantas cosas valiosas, el miedo a perderlas o que me las robaran me impedía, en muchas ocasiones, disfrutar plenamente del viaje.

Cuando volvía de mis primeros viajes, sí, traía valiosas experiencias, pero creo que la principal ocurría cuando vaciaba la mochila y veía que la mayor parte de las cosas “por si acaso” no las había utilizado y, por contra, me habían lastrado, no solo físicamente, si no también, y lo que es peor, emocionalmente.

Fue a la vuelta de esos primeros viajes cuando comencé a pensar en la inutilidad de preocuparse por situaciones que no han ocurrido y que, a la vez, esa preocupación impide que puedan suceder otras situaciones tremendamente valiosas.

Comencé a desprenderme de esos objetos inútiles, sustituyéndolos por experiencia y habilidades personales, y, a la vez que mi mochila exterior iba disminuyendo de peso y tamaño, la mochila interior se iba enriqueciendo de relaciones, vivencias y emociones.

“Ama a la gente y usa las cosas; lo contrario, no funciona”

Tras años de practicar el viaje ligero, creo que las principales recomendaciones que haría a quien quiera comenzar a experimentar esta sensación serían:

  1. Viaja con intención de aprender y no como una forma de evadirte de los problemas. Posiblemente este aprendizaje sirva para solucionar parte de esos problemas.
  2. Ten la predisposición para acumular relaciones, experiencias y sensaciones, y olvídate de adquirir recuerdos físicos que, muy posiblemente, queden relegados a una caja de cartón.
  3. Viaja mas lento, escapa de los viajes 100% organizados. Aprende a disfrutar del aquí y el ahora.
  4. Escribe en tu viaje; lleva un diario donde puedas anotar anécdotas, situaciones, pensamientos… Ese será tu mayor regalo cuando vuelvas a tu rutina.

Esta es la  filosofía que queremos transmitir a todos aquellos que confiéis en Dreamhunter para vuestro viaje de desarrollo personal, y os aseguro que no os vais a sentir defraudados.

alourido
Apasionado de los viajes y del desarrollo personal, he decidido hacer de mis dos grandes pasiones, mi vida. Además de ello y entre mis valores figuran el poder ayudar a los demás, y que mejor forma que propiciando su propio desarrollo emocional.
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